
Cuando los bomberos se van y la instalación queda en manos del titular, empieza un periodo corto en el que se toman decisiones que condicionan todo lo que viene después: cuánto se recupera, cuánto se indemniza y cuándo se vuelve a producir. Casi ninguna de esas decisiones tiene que ver con limpiar. Este es el orden que recomendamos, basado en lo que vemos una y otra vez en las naves y explotaciones de Ponent.
Las decisiones que más pesan se toman antes de la primera limpieza.
Uno: seguridad antes que nada
Antes de entrar hay que tener claro que la estructura aguanta, que no hay riesgo eléctrico y que la atmósfera es respirable. Una cubierta metálica que ha alcanzado temperatura puede haber perdido capacidad, un panel sándwich quemado puede seguir liberando compuestos, y una instalación eléctrica mojada y depositada no se toca hasta que alguien la ha revisado. Si hay circuitos de refrigeración dañados puede haber fuga de refrigerante, y en explotaciones ganaderas hay que valorar además la ventilación y el bienestar de los animales que sigan alojados.
Nadie entra a valorar nada hasta que la instalación es segura.
Dos: registrar el reloj
Anotar horas no cuesta nada y vale mucho dinero: hora del aviso, hora de control del fuego, hora de parada del frío y de cada equipo, hora de restablecimiento del suministro. Y descargar los registros de temperatura y de control antes de que el sistema los sobrescriba o de que alguien reinicie el equipo. Esa información es la columna vertebral de cualquier reclamación relacionada con producto perecedero, y desaparece con una facilidad pasmosa en las primeras cuarenta y ocho horas.
Los registros de temperatura se pierden reiniciando un equipo.
Tres: no tocar, no tirar, no arrancar
Las tres reglas negativas son, con diferencia, las que más valor aportan. No mover el género de su ubicación antes de fotografiarlo. No enviar nada a contenedor antes de documentarlo. Y no poner en marcha ventilación, climatización ni líneas para «comprobar si funcionan», porque el movimiento de aire reparte el residuo por toda la nave y multiplica el alcance del trabajo posterior. Es contraintuitivo, porque la reacción natural es hacer algo, pero en estas horas lo más productivo es documentar y esperar.
En las primeras horas, no hacer nada bien hecho ya es hacer mucho.
Cuatro: fotografiar como si fueras a discutirlo
Con criterio, no a lo loco. Una panorámica de cada zona que permita situarse, un detalle de cada partida de producto con su ubicación visible, el estado del embalaje, el interior de los cuadros abiertos, el evaporador, los sumideros y las zonas donde el humo llegó sin quemar. Con fecha y, a ser posible, con alguna referencia que permita identificar el punto exacto. Un reportaje ordenado es lo que después permite que el informe pericial se apoye en hechos y no en recuerdos.
Fotografía cada partida donde está, antes de que alguien la mueva.
Cinco: avisar a quien corresponde, en paralelo
La comunicación a la aseguradora, la comunicación interna a calidad si se manipula alimento, la comunicación al veterinario responsable si hay explotación ganadera, y el aviso a la empresa que vaya a peritar el siniestro. Todo eso puede y debe ir en paralelo, no en serie. Esperar a que la compañía diga algo antes de empezar a documentar es perder los días en que la evidencia todavía está intacta, y no aporta absolutamente nada al expediente.
Documentar no depende de que la aseguradora conteste.
Seis: decidir el orden de la vuelta a producción
Antes de que nadie limpie, conviene tener claro qué parte de la instalación necesitas antes y cuál puede esperar. En campaña, eso suele significar priorizar frío, muelles y una línea, y dejar oficinas, vestuarios y zonas auxiliares para el final. Esa decisión es del titular, no de la empresa que interviene, pero condiciona todo el plan de trabajo. Un buen equipo te preguntará por ella en la primera visita; si nadie te la pregunta, es mala señal.
Si nadie te pregunta qué necesitas primero, el plan no es tuyo.
Los cinco errores que más caros salen
Uno, entrar con agua a presión. Dos, barrer en seco con escoba y repartir el residuo por toda la nave. Tres, arrancar la instalación para comprobar equipos. Cuatro, vaciar a contenedor antes de documentar. Y cinco, aceptar un presupuesto global de limpieza sin capítulos, que impide después defender cada partida ante el perito. Los cinco se cometen con la mejor intención y en las primeras veinticuatro horas, y los cinco son perfectamente evitables si alguien te lo ha explicado antes.
Los errores caros se cometen deprisa y con buena intención.
Qué esperar de una peritación seria
Que empiece preguntando y no limpiando. Que recorra la instalación contigo, no por su cuenta. Que separe instalación, equipos y producto. Que te diga qué no se salva y por qué. Que hable del riesgo de fallo diferido en equipos que hoy funcionan. Y que te dé un plazo realista en lugar de una promesa de llegada inmediata. Si lo primero que oyes es un precio por metro cuadrado y un «lo dejamos como nuevo», te están vendiendo una limpieza, no resolviendo un siniestro.
Una peritación seria empieza con preguntas, no con un precio cerrado.