Incendio en un almacén de fruta: cámara de frío, stock y seguridad alimentaria

Incendio en un almacén de fruta: cámara de frío, stock y seguridad alimentaria

Cuando el fuego entra en un almacén de fruta, el titular tiene delante tres problemas que ocurren a la vez y que casi nunca se separan bien: la instalación dañada, los equipos de frío comprometidos y el género que estaba dentro. Confundirlos en un solo bloque es la forma más rápida de perder dinero, porque cada uno se valora, se documenta y se reclama de manera distinta. En Ponent, donde la campaña marca el calendario de media comarca, esa distinción vale más que cualquier promesa de rapidez.

Un almacén quemado no es un caso, son tres casos superpuestos.

El primer dato no es la superficie: es la hora

En un incendio doméstico lo primero que se pregunta es cuántos metros hay afectados. En un almacén con conservación, la pregunta que de verdad ordena el problema es a qué hora se detuvo el frío y a qué hora se restableció. Ese intervalo condiciona todo lo demás, porque determina hasta dónde llegó la subida de temperatura del producto, si hubo condensación al recuperar consigna y si la fruta ha entrado en una curva de maduración que ya no tiene marcha atrás. Cuando llegamos a peritar, esa cifra es lo primero que pedimos, junto con los registros del sistema de control si existen.

El reloj del frío pesa más que los metros cuadrados quemados.

Por qué el humo no se queda en la zona quemada

Un almacén de manipulado es un espacio diáfano y con movimiento de aire constante. El humo, que es caliente y ligero, sube a la cubierta y se desplaza por debajo del panel hasta encontrar una salida o hasta enfriarse y descender. En el camino se cuela por los muelles, por las juntas de las puertas rápidas y por cualquier hueco de la cámara que estuviese abierta o sin sellar. Por eso es habitual encontrar depósito sobre palés situados a cincuenta metros del foco y ninguna marca en una pared a diez. La afectación no es un círculo alrededor del fuego: es un recorrido.

El depósito sigue la corriente de aire, no la distancia al foco.

El género expuesto: lo que se puede documentar y lo que no se decide aquí

Conviene ser claro con esto. Una empresa de restauración no dictamina si un alimento es apto para el consumo; eso corresponde al responsable de calidad de la instalación y, cuando procede, a la autoridad sanitaria competente. Lo que sí podemos y debemos hacer es construir la evidencia sobre la que se decide: qué lotes estaban en qué ubicación, cuánto tiempo estuvieron expuestos, con qué tipo de combustión, en qué condiciones de temperatura y con qué estado del envase. Todo ello con fotografía, ubicación y hora. Sin ese registro, la decisión se toma a ojo y la pérdida se defiende mal.

Nosotros no decidimos qué se vende: hacemos posible decidirlo con datos.

Envase, palé y cartón: los tres olvidados

El producto suele mirarse con lupa y el embalaje casi nunca. Es un error, porque el cartón es enormemente absorbente y retiene tanto partículas como olor, y el palé de madera hace exactamente lo mismo. Un lote perfectamente conservado puede quedar inservible por haber pasado tres días en cajas que huelen a quemado, y ese olor migra al producto durante el transporte y el almacenamiento posterior. Cuando el depósito ha llegado a la zona de embalaje, hay que contar el material de envasado como parte del capítulo de pérdidas y no como un extra menor.

El cartón huele durante meses y le pasa el olor al producto.

La condensación posterior, un segundo frente

Al restablecer el frío en una cámara que ha subido de temperatura, y sobre todo si ha entrado humedad de la extinción, aparece condensación sobre paneles, techos y superficies frías. Esa película de agua fija el depósito que estuviera en suspensión, lo adhiere a las paredes y crea las condiciones para desarrollos microbiológicos en juntas, sumideros y rincones. Es un problema distinto al del hollín y hay que tratarlo como tal. Reanudar la conservación con una cámara sucia y húmeda es garantizar que el problema vuelva con el género nuevo.

Recuperar consigna sin limpiar la cámara fija el residuo en el panel.

El orden correcto para volver a producir

La secuencia que mejor funciona en campaña es bastante estable: asegurar la instalación, documentar antes de mover nada, vaciar y separar el género según su ubicación y exposición, tratar la sala de máquinas y el circuito de frío, limpiar y desodorizar las cámaras con el equipo desmontado en lo que corresponda, y por último la limpieza fina de líneas, muelles y oficinas. Empezar por lo que se ve peor —normalmente la zona negra del foco— retrasa la reanudación y no aporta nada al expediente. El criterio es siempre qué desbloquea la actividad antes.

Se empieza por lo que devuelve el frío, no por lo que está más negro.

Qué debe llevar el informe para que sirva

Un informe útil para un siniestro de almacén tiene, como mínimo, cuatro capítulos separados: estado de la instalación y la estructura; estado de los equipos, con mención expresa al riesgo de fallo diferido por corrosión; relación de producto por lote, ubicación y grado de exposición; y relación de material de envasado y auxiliar afectado. Si todo eso viene mezclado en un presupuesto de limpieza con un precio global, el perito no tiene por dónde entrar y el titular acaba discutiendo cada partida sin apoyo documental.

Un presupuesto global sin capítulos es un informe que no defiende nada.

Lo que conviene hacer el mismo día

Si tienes un almacén afectado, hay cuatro cosas que ayudan mucho y que no cuestan nada: anotar la hora de parada y de arranque del frío, descargar los registros de temperatura antes de que el sistema los sobrescriba, fotografiar el estado del producto y del embalaje en su ubicación original antes de mover un solo palé, y no poner en marcha la ventilación general para no repartir partículas por toda la nave. Con eso, cualquier peritación posterior parte de una base sólida. Sin eso, se trabaja de memoria y la memoria no se indemniza.

Fotografiar y anotar horas el primer día vale más que limpiar deprisa.

A una llamada de distancia

¿Resolvemos tus dudas?

Explícanos el caso en Lleida y te contestamos nosotros mismos, sin formularios automáticos.

936 940 451Llamada o WhatsApp
Scroll al inicio