
Casi todo el sector vende lo mismo: que lo recupera todo. Es un mensaje cómodo y es falso. En cualquier incendio hay elementos que no vuelven, y esconderlo para que el presupuesto parezca más amable acaba costándole dinero al titular, porque lo que no consta en el expediente no se indemniza. Este artículo va justo de la parte incómoda: qué se da por perdido y cómo se deja escrito para que sirva.
Lo que no se documenta como pérdida, sencillamente no se cobra.
Por qué es una decisión técnica y no comercial
Declarar un elemento como no recuperable no es tirar la toalla: es comparar el coste y el riesgo de intentar recuperarlo con el de sustituirlo. Un panel de aislamiento saturado de humo se puede lavar, pero seguirá liberando olor durante meses. Una placa electrónica con corrosión iniciada se puede tratar, pero fallará en el peor momento. En ambos casos la recuperación es técnicamente posible y económicamente absurda. Esa comparación es la que hay que hacer explícita, con argumento, en lugar de esconderla.
Recuperable y conveniente no son la misma categoría.
La lista habitual de pérdidas en una instalación
Se repite bastante de un siniestro a otro: producto alimentario expuesto al humo, embalaje de cartón y palés impregnados, aislamientos y espumas absorbentes, juntas y burletes, textiles y filtros, cableado con la cubierta degradada por el calor, electrónica con corrosión visible en pistas o conectores, y cualquier elemento que haya alcanzado temperatura suficiente para perder propiedades mecánicas. En vivienda, la lista incluye colchones, tapicerías, ropa muy expuesta, alimentos, medicamentos y documentación en contacto directo con el depósito.
Espumas, cartón, juntas y filtros casi nunca vuelven.
El elemento estrella: lo que absorbe
La regla práctica más útil es esta: todo lo poroso y absorbente que haya estado expuesto de forma prolongada es candidato serio a pérdida total. El humo no se queda en la superficie de una espuma, de una manta aislante o de un textil: entra, se distribuye por la masa y se libera después durante meses. Se puede limpiar la superficie y el material seguirá oliendo. Por eso en estos elementos la discusión no debería ser cómo limpiarlos, sino cuántos hay y cuánto valen.
Si absorbe y estuvo expuesto, cuenta pérdidas y no horas de limpieza.
Cómo se documenta para que un perito lo acepte
Un capítulo de pérdidas útil tiene cuatro elementos por cada partida: identificación del elemento, ubicación exacta dentro de la instalación, fotografía en su posición original antes de mover nada y motivo técnico de la declaración. Ese motivo es lo que más se olvida y lo que más peso tiene: no basta con escribir «afectado por humo». Hay que decir por qué ese material concreto no es recuperable, en qué se apoya esa conclusión y qué alternativa se ha valorado. Con eso, la conversación con el perito es técnica y no una negociación a ciegas.
Sin motivo técnico escrito, una partida de pérdidas es solo una opinión.
El error de tirar antes de documentar
Es el más frecuente y el más caro. Después de un incendio hay una necesidad casi física de vaciar y limpiar, y en pocas horas desaparece a contenedor una parte importante de la evidencia. Cuando llega el perito, ya no hay nada que ver y la reclamación se sostiene sobre una lista escrita a mano. Nada debería salir de la instalación sin haber sido fotografiado en su sitio y anotado. Si hay que retirarlo por seguridad o por olor, se retira, pero primero se documenta.
Vaciar antes de documentar es destruir la prueba de la pérdida.
El riesgo diferido merece su propio capítulo
Hay una categoría intermedia que casi nadie recoge y que es determinante: elementos que hoy funcionan pero que tienen un riesgo cierto de fallar por corrosión o por degradación en las semanas siguientes. Si eso no consta en el informe inicial, cuando fallen no habrá manera de vincularlos al incendio y el gasto correrá por cuenta del titular. Recogerlo no significa reclamarlo todo de entrada: significa dejar constancia de que el riesgo se identificó y se comunicó desde el primer día.
Lo que hoy funciona y mañana falla también se documenta hoy.
Qué se recupera mejor de lo que la gente cree
Para no dejar solo la cara mala: hay bastantes cosas que sí vuelven. Superficies duras no porosas, chapa y estructura metálica, mobiliario metálico, cristal, cerámica, maquinaria robusta sin electrónica sensible, herramienta, e incluso algunos textiles si se tratan pronto y por procedimiento específico. Y en construcción, muchos paramentos que parecen perdidos se resuelven con sellado e imprimación específica más repintado. La clave, otra vez, es haber diagnosticado bien el residuo y no haber estropeado el soporte con el primer intento casero.
La chapa, el metal y la maquinaria robusta suelen volver.
Qué pedirle a quien te haga el informe
Tres cosas concretas. Que separe el informe en capítulos —instalación, equipos, producto y material— en lugar de dar un precio global. Que incluya un apartado explícito de no recuperables con motivo técnico. Y que distinga daño constatado de riesgo diferido. Si el documento que te entregan no tiene esas tres cosas, describe una limpieza, no un siniestro, y en el momento de la valoración vas a ir con menos herramientas de las que necesitas.
Un informe sin capítulo de pérdidas está escrito para vender, no para reclamar.